domingo, 31 de marzo de 2013

Dioses, artistas y políticos de Cuba. Cuba es una joya extraviada entre los turbulentos mares de la política



Bertha Alicia, una hermosa pregonera que, entre verso y verso, acabó vendiéndonos la canasta entera, llena de dulces deliciosos.


García Lorca –quizás confundiendo sus mundos– expresaba que “una mulata cubana, chico… tiene el hermoso color de una magnolia marchita”.

Y a los cubanos casi los oigo decir que “lo bongó suenan a palma caribeña, y lo tabaco huelen al sudó de la mulata y a cosa buena de la tierra cubana; la música y los sonidos tienen sabó. Y lo ritmo chico, lo ritmo se paladean con hermosura, y se degustan hasta meterse bajo la piel, porque, ven acá chico –me decían– los sonidos viven inquietos bailando con el saborcito de la isla bonita, y lanzan sus gritos al viento con el caló y el cariño mezclado con lo poquito que del África nos trajeron lo mandingas, lo congos y lo dahomey; y el tantico que vino de España en paquetes de gallegos y catalanes, aragoneses, asturianos y hasta canarios que, agregándole todo esto al corazón de lo taínos, de lo siboney y de lo guanahatabey, que ya desde siempre vivían en este paraíso, y que desde entonces ya navegaba entre los colores azules del mar caribeño; y todo esto es lo que viene a formá la gloria de nuestra almita cubana.

La música y los sonidos en Cuba, ven acá chico –repetían en el tic de su hablado– se paladea más que se escucha, hasta huele y se mete a los ojos; es expresión y memoria a la vez; por eso el cubano habla con las manos, con los ojos, las caderas, las pestañas, las cejas, el torso y los hombros, en un río sonoro y cinético que al ponerle unas pocas de notas, salen las rumbas, los danzones, los boleros y mambos que se hacen picantes al cantar las guarachas o al decir de piropos, y en el melodioso pregón de los vendedores que le agregan colores que huelen a tabaco y a ron, a fruta madura y a mar”.

En esta melcocha de lenguas, de costumbres y razas, los dioses también han tenido sus queveres, mezclándose algunos, que siendo tres, se convirtieron en uno. Y otros, que al grito de “azuuúcar” y vestidos de blanco se volvieron Orishas, siguiendo las creencias del pueblo yoruba africano. 

Al prohibirles –los amos católicos– a practicar su religión, los creyentes disfrazaron su culto propio, mezclando sus dioses con los santos católicos, dando principio a La Santería; santería que se convirtió en una religión; religión que siguiendo la Regla de Ocha entre vasos de agua, velas, rosarios, batás (tambores sagrados) con un santero invocando a Changó (Sta. Bárbara), y a Aché (de la buena suerte), a Eleguá (Niño de Atocha), a Babalú Ayé (Sn. Lázaro), a Palo Mayombe, o a la misma Oshún (Nuestra Señora de la Caridad, patrona de Cuba). Se dice que pueden llegar a entrar en un trance y hasta comunicarse con los espíritus de otros mundos. Sin embargo, también se dice que la comunicación con el más allá sólo se consigue a través de rituales que pueden incluir sacrificios que únicamente pueden hacer los babalawó (sacerdotes) utilizando sonidos de cocos y caracoles, o mediante la música y la danza, que son elementos clave para sus prácticas espirituales.

Y aunque vivir experiencias como estas, que son tan importantes –y tan válidas– para llegar al alma de un pueblo, nuestra recomendación más sencilla cuando se visita Cuba es ir a comer a los paladares: comedores privados –y hasta un poco prohibidos por el régimen– en casas particulares en donde, entre un ambiente familiar y humilde, se tiene la oportunidad de –además de ayudarlos económicamente– convivir con la gente y platicar de sus cuitas, sus costumbres y sus dioses. 

Otra excelente idea es compartir vivos momentos con los conjuntos de músicos autóctonos, que al pié de la calle cantan sus ritmos picosos y alegres, contagiando al paseante de su alegría de vivir, olvidando carencias y penas ocultas (entre más viejos sean ellos, más cosas tienen para comunicar con sus almas alegres). Una buena propina les caerá como venida del cielo; justa recompensa de los incomparables momentos que se vivieron con ellos. 

Y ni que decir de un paseo por el mercado para oír los versos rimados de los pregoneros, dulce valor casi perdido entre los avatares de la vida moderna, basta ver la expresión de nuestra amiga Bertha Alicia.

Ven acá chico… que te lo digo yo, que Cuba es una joya extraviada entre los turbulentos mares de la política.   

Vargas Llosa con certeza apuntaba “Los latinoamericanos somos soñadores por naturaleza, y tenemos problemas para diferenciar el mundo real de la ficción. Es por eso que tenemos tan buenos músicos, poetas, pintores y escritores, y también gobernantes horribles y mediocres”.


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