lunes, 22 de febrero de 2016

Se reencuentran los hermanos Castro Leñero

 
 
Por: Virginia Bautista
 
Estirpe Plástica
 
 
La pintura, el dibujo y la escultura, esos lenguajes milenarios cercanos al ser humano desde que habitaba en cuevas, son sin duda parte del arte y la cultura contemporáneos.
 
 
 
Los hermanos Alberto (1951), José (1953), Francisco (1954) y Miguel Castro Leñero (1956) coinciden en esta afirmación y consideran que ésta se demuestra en la obra artística que cada uno ha creado durante más de 35 años.
 
 
 
“Hemos partido de estos lenguajes, que aún están presentes en nuestras piezas, pero también nos hemos dedicado a explorar y a dialogar con otros nuevos, como el video, la instalación y la intervención del espacio, lo que ha enriquecido nuestras propuestas”, comenta Alberto.
 
 
Los hermanos Castro Leñero aceptaron reunirse “por primera vez en años”, a invitación de Excélsior, para reflexionar por qué los artistas plásticos de su generación, incluidos ellos, se han desdibujado si han trabajado de manera ininterrumpida y poseen “una obra consolidada”.
 
 
Integrantes de un grupo de creadores a quienes, a finales de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado se les “abrieron rápido las puertas” de galerías, museos y concursos, “tras el vacío que se dio tras la Generación de la Ruptura”, éstos fueron “desplazados” de los circuitos oficiales del arte, “porque cambiaron las reglas del juego”, dicen.
 
 
 
“Hemos sido afectados por las circunstancias. Siento que esa presencia fuerte que tuvimos al principio fue vital, porque fue generando una continuidad. A partir de nosotros, ya se van siguiendo los artistas.
 
 
 
A Miguel le parece normal que las reglas del juego hayan cambiado. “Lo que en un momento tenía validez dejó de tenerlo y se abrieron otros canales, por lo que una generación que trabajó con la pintura, la gráfica, el dibujo, fue desplazada por una manera nueva de enfocar la realidad artística”.
 
 
 
 
“Creo que hubo una especie de quiebre, sobre todo con la aparición de los curadores y de un concierto de menosprecio hacia la pintura. Las generaciones de pintores que siguieron se han quedado un poco fuera del contexto de la cultura contemporánea. Lo curioso es que todos hemos seguido trabajando. Hay una gran paradoja en eso”, agrega Francisco.
 
 
Pero esta “concepción mal entendida” de dividir los lenguajes plásticos antiguos de los nuevos no frenó a los Castro Leñero, quienes destacan que vieron la oportunidad de aprender más técnicas y nuevos formatos para conservar la vigencia de su obra. 
 
 
“Todo eso genera una revolución. Todo el tiempo te estás perfeccionando, revisando. Uno se tiene que incorporar a un escenario nuevo. Y se hace muy interesante, porque hay un ambiente muy creativo, eso planea una revisión del trabajo y una posibilidad de crecer”, añade José.
 
“Lo que pasó es como si hubiera flujos en el arte contemporáneo. Los circuitos de museos y galerías forman un flujo global que jalan todo, salirse de éstos es un reto. En la medida que podamos proponer otros flujos seguiremos vivos en este medio”, explica Alberto.
 
Y esto es lo que han hecho: seguir creando, trabajar en la evolución de sus propuestas, buscar alternativas para exhibir, “moverse por su cuenta” y no “caer en el juego de esperar el aplauso, el reconocimiento, porque la consolidación no depende de ello”.
 
Aunque reconocen que no ha sido fácil, que sería “una oportunidad interesante” que hubiera un libro que retrate a su generación o que las instituciones públicas o privadas organizaran una gran exposición de los cuatro con obra reciente.
 
 
“Eso nos permitiría ver a dónde hemos llegado, reconocernos nuevamente. Pero de lo que no hay duda es de que todos estamos muy firmes en nuestra vocación”, concluye José.
 

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