jueves, 11 de agosto de 2016

Resignación y dolor de Sour Angélica de Puccini en Festival de Ópera San Luis




Fotografias: Cortesia de Festival de Opera de San Luis Potosi


Por: Roberto A. Valenciano Capín


Entrega,  exaltación religiosa,  dolor,  ternura y resignación  es lo que se convergió en la puesta en escena de la ópera Sour Angélica del compositor italiano Giacomo Puccini, presentado dentro del primer Festival de Opera San Luis Potosí y Concurso de Canto Linus Lerner, en el  Teatro Polivalente del Centro de las Artes.



Sor Angélica es una ópera en un acto con música del compositor italianoGiacomo Puccini (Lucca, 1858 – Bruselas, 1924), sobre un libreto de Giovacchino Forzano. Es la segunda de las tres óperas (junto a Il Tabarro y Gianni Schicchi) que conforman Il Trittico (El tríptico) gira en torno a La Divina Comedia de Dante Alighieri, y Suor Angelica se corresponde con la parte del purgatorio, una de las tres divisiones de la obra.


Por cierto, es una de las pocas obras que sólo tiene intérpretes femeninas.


Una puesta en escena bien resuelta, sustentada por una escenografía  que nos remite a este patio de un convento del siglo XVII, en donde tanto las monjas desarrollan sus actividades cotidianas,  ser complementada por este telón negro  e iluminación evocativa para darle énfasis  a esta parte climática en el desarrollo de esta ópera, aunado a la utilización de los balcones de este teatro como extensión del hecho escénico, a pesar de un fallido final, aun así fue reconocido el trabajo y entrega de sus integrantes gracias a  estos cálidos aplausos,   refrendados  por unos bravos y hasta porras de los asistentes.




Es importante destacar  de una convincente interpretación tanto con una voz sostenida y de una  puntual dramaturgia de la soprano Andrea  Cortés Moreno(CDMX), como Sour Angélica,  por cierto, muy aplaudida, como también la contralto (CDMX), Ana Erika Gutierrez Coyote al interpretar la mezzosoprano brasileña Sibelle De Louna a la Badessa, sin demeritar el trabajo de las demás participantes en esta puesta en escena ( soures, novicias, cecatrices y conversa).



Siempre apoyados por una multinacional orquesta dirigida por el Dr. Linus Lerner, integrado por  músicos de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí, Orquesta Sinfónica del Sur de Arizona  y de la Orquesta Sinfónica de Río Grande do Norte. La dirección de escena del Mtro. Oswaldo  Martínez del Campo y la dirección artística del Mtro. M.M. Arturo Rodriguez Torres.



Debido a un deslíz de juventud, del que nació un niño, por decision familiar  tiene que ser recluida la ahora Sour Angélica en un convento. Una reclusión de siete años no sólo del alejamiento del mundo sino de su familia, gracias a la injerencia de su tía.




Bajo estas pausadas campanadas, dan cuenta de esta  vida convental en donde todas sus actividades se suscitan sin contratiempos ni novedades en estos tiempos de visperas, a pesar de pedirle  a Sour Angélica la preparación de un ungüento hecho  de flores y  plantas para aliviar la picadura de abeja a una de las monjas, así como  la llegada de las hermanas  mendicantes, para proveerles provisiones para la comunidad, todo vuelve a la normalidad hasta que suena la campanilla del Locutorio ante la  llegada de un carruaje, incertidumbre, alegrias y nervios entre las que trae a la monjas, hasta saber que este carruaje trae  la visita de  Principessa para este encuentro con Angélica, a quien le comunica a la joven que ha decidido dividir la herencia de sus padres y avisarle que su hermana se va a casar, lo que causa una gran alegría a la joven. Pero cuando Angélica le pregunta por su hijo, al que sólo pudo ver en una ocasión y le fue arrancado de sus brazos, la tía se niega a  contestarle en decirle la verdad de que su hijo  lleva muerto dos años. Al saberlo Angélica se desvanece, momento en el que la tía pide a la hermana tornera que traiga papel y pluma, papel que suor Angelica firma sin saber ni importarle de lo que se trata.



Cuando la tía se retira, suor Angelica sólo piensa en su hijo y en su mente se va tornando en su mente en esta terrible decisión.



Cuando ya es de noche, suor Angélica prepara una infusión con varias hierbas del jardín del convento, no sin antes despedirse de ellas, para beber esta mortal infusion y darse cuenta de que ha cometido un pecado y le pide perdón a la Virgen antes de morir.



Para culminar con esta bella imágen, en donde aparece la imágen de la Virgen( atrás de este telón negro) al llevar de la mano a su hijo, quien corre hacia ella y la arropa con su pequeño cuerpo el de su madre, señal inequívoca de que ha sido perdonada.


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