viernes, 23 de junio de 2017

Y llegaron al Roadhouse, las melodramáticas canciones de Carla Morrison.




                                  Fotografía: Cortesía de Laura López/ Roadhouse SLP


Por: Roberto A. Valenciano Capín



Indudablemente fue más interesante lo que ocurrió en torno al show de la Carla Morrison, al presentarse nuevamente en esta capital potosina.



Desde este hermetismo de su equipo de trabajo no solo entorno al show sino también a su persona, al punto de que no fuera vista por sus seguidores antes de subir al escenario del Roadhouse, en donde ofreció su show como parte del Circuito Indio vía Vive Latino.


 

Hasta el momento es la única "artista" de este ambicioso proyecto de cultura musical,  que llega en su propia camioneta, lo cual rompe con esta cuestión de convivencia que se busca generar en este Circuito, al compartir tanto el trasporte como hospedaje de las bandas participantes.

 

Aunado a una espera de por más de tres horas de sus seguidores, a pesar de un incesante calor que fue mitigado momentáneamente hasta que la cantautora originaria de Tecate llegara, entrará y ahora si pudieran acceder sus fans a este espacio.
 

Quienes todavía tuvieron que hacer antesala en la voz del cantautor Jano acompañado por un desafinado guitarrista, quien sin pena y sin gloria compartió sus canciones, por cierto, con una gran similitud en lo composición a la Morrison.
 

Entre los gritos ipso factos de sus fans al verla subir al escenario, un@s toman aire para cantar con ella toda la noche, aquéll@s que lloran, cantan, hacen que las demás-  ante una mayoría integrada por mujeres- se callen para poder escuchar cómo les platica con una voz entre el murmullo y por tanto, en momentos inentendible a pesar del pertinente silencio  entorno del porqué de sus canciones, al  hablarles de este desamor, de una relación postergada y hasta la muerte, en momentos tratar de evadir su propia zona de confort y en momentos ser interrumpido por el desgarramiento de sus canciones, aun así regalarles a sus seguidores algunas canciones más acústicas y presentarles algunas de ellas que integran su más reciente trabajo discográfico -Amor Supremo-.
 

 Con su peculiar voz y guitarra en mano en conjunción con sus cuatro músicos hizo un recorrido por toda su discografía, entre los gritos de ¡Carla te amo!, las impostergables peticiones de canciones, l@s  s@atisfec@s por haber pagado una buena cantidad de dinero por este meet/ greet, comprendido por una foto, en donde por cierto no trían fotógrafo y la tuvo que hacer una fans a petición del managner, una taza, una playera, una bolsa y unos dichosos cinco minutos de estar con ella, o de aquellas el pagarle a alguien más para ser acompañadas en esta noche en la complicidad en desahogar lo que no pueden decir o simplemente escuchar, abrazar y dejarse abrazar por su compañía.

 

Así como llegó entre este cobijo - absurdo resguardo- de su manager, así salió a pesar de buscar afanosamente esta invisibilidad y olvidar que no fue así por su delatora corporalidad, salió la Morrison ante su grey complaciente y amarrada al ser ya complacidas con sus melodramáticas canciones, para subirse a la camioneta y transitar por Carranza a un cercano hotel.
 

 
Lentamente, fueron desalojando sus seguidores el Roadhouse, en espera de la irreverencia total de Jessy Bulbo y el rock de Carmen Costa, quienes esperemos deslaven esta insoportable levedad del ser de la oriunda de Tecate.



Un agradecimiento total a todo los que integran el Roadhouse por su pertinencia y profesionalismo.
 

 

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