lunes, 23 de julio de 2018

Tortugas golfinas sobreviven a los depredadores en Puerto Vallarta



Por Aura Denise Fuentes

Puerto Vallarta- De las siete especies de tortugas marinas que existen, la tortuga golfina se ha recuperado al grado de que está fuera de la lista de animales en peligro de extinción crítico, sin embargo, el riesgo aún existe, por lo que sitios como el Campamento Marriot Casa Magna se dedican a su preservación.

Esta especie es la más pequeña de las tortugas marinas, junto con la tortuga lora, puede llegar a los 70 centímetros de largo curvo, y de los 18 a 22 gramos que pesa cuando nace, alcanza entre 40 y 45 kilos al crecer; su etapa de reproducción comienza a los 15 años y se estima que solo una de cada 100 o incluso de cada mil, llega a ésta.

El campamento ubicado en la playa frente al hotel en Paseo La Marina Norte 435, en Marina Vallarta, es ideal para los turistas que desean ver a la tortuga marina, ya que brinda un espectáculo fuera de cualquier parámetro, como aseguró el encargado de operaciones de la Red Tortuguera, Vicente Peña Aldrete, quien mostró a Notimex el lugar.

En el espacio cercado se observan distintas paletas que indican la fecha de recolección y la fecha aproximada de eclosión, es decir, cuando la tortuguita rompe el huevo, unos 45 días después; aunque a simple vista no se ven los nidos, hay alrededor de 70 y apenas comienza la recolección por parte de los biólogos, quienes sigue los protocolos luego de que las tortugas desovan en la playa.

“La anidación se efectúa de noche, aunque no es imposible, sino raro, que salgan tortugas durante el día, ya que la tortuga golfina es muy resistente y no se altera tan fácil, a diferencia de especies como la caretta o la amarrilla, que si te ve a 30 metros se da la media vuelta y se va”, comentó Vicente, cuyo amor por estos animales comenzó en 1986, a sus 18 años.

Detalló que hay ocasiones en que la gente está sentada en la playa, la tortuga llega y la empuja para que se quite y la deje pasar, por lo cual, las recomendaciones para los turistas son no perturbarla, no tomar fotos con flash, ni hacer nada fuera de lo normal, simplemente observar y dejarla anidar, cuya temporada se extendió de junio a febrero, cuando hace 20 años era de julio a diciembre.

“La temperatura mínima para que un huevo de tortuga se desarrolle son 21 o 22 grados, y ahora todo el invierno se cuenta con temperatura que permite el desarrollo embrionario, la oclusión y la liberación; y durante el verano, cuando las temperaturas exceden los 36 grados que es el tope máximo, este vivero y otros logran bajarla tres o cuatro grados a través de la malla sombra, lo que también permite tener crías durante cualquier temporada”, expuso.

Aunque la longevidad de las golfinas no está del todo comprobada, debido que solo llevan 40 años en el programa de protección de la tortuga marina, indica que probablemente tiene la capacidad de vivir de 60 a 70 años, pero muchas mueren por pesca incidental o accidental.

Otros depredadores en sus primeras etapas son las aves, peces o inclusive si llegan a nacer durante el día, las aves o los cangrejos se las comen; también en vida silvestre algunos mamíferos pequeños en playas, que son comunes, mientras que en anidación las suelen depredar tlacuaches o mapaches.

Aunque reconoció que el hombre se considera un depredador cada vez menos, en algunos lugares continúa el error de que el huevo es de una “delicadeza culinaria” y pese a su alto contenido proteínico, contiene elementos dañinos como el colesterol.

En Casa Magna no pudimos ver a ninguna tortuga, pero mientras Vicente nos explicaba todo sobre estas especies, compañeros le avisaron que estaban por liberar a una tortuga en el campamento Boca de Tomates, de lo cual nos invitó a ser testigos, pero tras varios metros de caminar a la orilla del mar, uno de los colaboradores nos alcanzó en cuatrimoto para poder llegar más rápido.

Dentro de una tina estaba la tortuga golfina, ansiosa por regresar a su hábitat, mientras “Nan”, una voluntaria originaria de Estados Unidos la contemplaba con cariño y le hablaba en su idioma natal indicándole que pronto regresaría al mar, ya que Vicente contó que extranjeros suelen dedicar su tiempo a este campamento pues para ellos resulta maravilloso estar cerca de estas especies, incluso una turista coreana, sobreviviente del cáncer, lloró al verlas por primera vez.

En el campamento se tiene una incubadora artificial donde los huevos se colocan en cajas marcadas con el número de nido, la fecha, la cantidad de huevos y la fecha probable de eclosión y un espacio para anotar cuando nacen, todo en inglés, para que cualquier voluntario esté al tanto de los datos.

“Pensaron que iba a perder la movilidad y que se le iba a ampuntar la aleta, pero comenzó a moverla, se desinflamó un poco, y días después un veterinario le dio un pequeño pinchazo y sangró lo que significaba que la aleta estaba recuperando la circulación, aunado a que estaba comiendo y cuando una tortuga marina come, lleva la mitad del camino”, contaron en el campamento.

Vicente informó que el ejemplar, alrededor de cinco años de edad, fue encontrado 10 días atrás por unos compañeros del proyecto de Manta Gigante, estaba en un palangre, es decir, un anzuelo grande, por lo regular usado para cazar tiburones, junto con otras dos, una de las cuales ya estaba muerta y la otra no tenía daños, por lo que fue liberada de inmediato.

Debido a los años que lleva colaborando, fue “Nan” la que recibió el honor de liberar a la tortuga golfina, por lo que con cariño la tomó sujetándola de los extremos de su caparazón, y la acercó al mar, donde se despidió de ella y dejó que las olas se la llevaran, aunque minutos más tarde la regresaron por lo que de nuevo la sujetó y acercó aún más, esta vez para ver cómo se alejaba quizá para siempre.

De vuelta a Casa Magna, el encargado de las operaciones contó que en este campamento el nivel de eclosión es de 88 por ciento, algo muy exitoso, ya que cada nidada se puede multiplicar por 100 para sacar la cifra; además, contribuye que la arena se cambie cada año, lo cual permite que el huevo se desarrolle de manera normal.

El especialista descartó el mito de que sean lentas, porque al menos las marinas son muy rápidas en el agua, inclusive en tierra, puesto que el proceso de anidación desde salir del agua y llegar prácticamente a 10 metros de la barda del campamento, o los limites del hotel, desovar y volver al mar puede tomar 40 minutos; sin embargo su metabolismo sí es muy es lento, a diferencia del de la tortuga de tierra.

“Pueden comer muy poco y dejar de comer por meses, si así lo necesitan, su metabolismo es tan lento que son prueba viviente de todo lo que puede estar mal en el océano, ya que se queda en su sangre, como metales pesados y toxinas, materiales que matan a otras especies, pero ellas siguen vivas, por eso los científicos también están muy interesados en el proceso de las tortugas marinas”, reveló.

En general, la preservación de estas especies es un éxito en el país, particularmente en Puerto Vallarta, donde en 690 metros de playa Casa Magna, está el vivero equipado donde incuban más de mil 200 nidos, al cual no pueden ingresar los depredadores y cuenta con una temperatura perfecta, como afirmó su encargado.

Desde hace 32 años, las prácticas en Marriott campamento permiten seguir el trabajo de preservación, así como de la investigación, con la colaboración de instituciones como el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Estatal de Sonora, por lo que el encargado destaca que el primer desafío es seguir con el trabajo, “ya lo demás la gente lo va aprendiendo”, concluyó.


NTX/AFG/LMC

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