Por: Roberto A. Valenciano Capín
A veces solo basta una línea melódica para detonar esta sutil travesía sonora e incidir en esa empatía propuesta por el proyecto Bolé, al ofrecer dos conciertos en la belleza de la ex capilla de Aranzazu en su lo que es segunda visita a estas tierras potosinas.
A veces solo basta una línea melódica para detonar esta sutil travesía sonora e incidir en esa empatía propuesta por el proyecto Bolé, al ofrecer dos conciertos en la belleza de la ex capilla de Aranzazu en su lo que es segunda visita a estas tierras potosinas.
En pocas palabras se destaca por ser un concierto que hablan desde el silencio mismo como esa música inquietante, pero sin lugar a dudas, único requisito de esta noche es la capacidad de admirar y disfrutar de este singular recorrido por este canto multinacional a favor del lado más luminoso del espíritu humano.
Un proyecto musical que sin más va hacia la construcción a partir de este carácter ritual, de fuerte carga hipnótica y relajante, contra la plusvalía de la fatalidad, contundencia del sinsabor reinante en estos tiempos que vivimos.
Para quedar de manifiesto, un manejo sobrio al crear y degustar de momentos sustanciales, así como logradas metáforas o paisajes sonoros y de esta manera contravenir a que la música actualmente transita de lo estructurado a la improvisación y esa sutil frontera se entrecruza constantemente con resultados acogedores.
Al lograr descubrir y diseminar el temple tímbrico; un temblor, acompañados y apercibidas en las palabras-cantos -mantras-, como una invitación a ser parte de los mismos por los ahí presentes.
En donde el público que acudió al encuentro pudo paladear frase a frase y acuñarla en su respiración circunstancial, aunado al rumor entre la afinación de la citara entrelazada por un sonido más que expresivo a través del trepidante violín y envolvente sonoridad de la guitarra, para remontarnos al retumbo del latir percibido por dentro: desde el cuerpo, en el cuerpo.
Así como la ligereza del vuelo con piezas que se desprenden de sus dos trabajos discográficos: -árbol- y -volviendo a casa-.
De esta manera, queda claro en las palabras de Leonardo que la misión es que: “Buscamos el beneficio de todos los humanos y en consecuencia, el nuestro. Música del Alma, para elevar a los que la escuchan y a los que la crean".
Bolé es un ensamble compuesto por Leonardo Nieto Joly, (con la cítara) Bogdan Djukic (al violín) y Jesús Mejía (en la guitarra).
Un agradecimiento a Fundación Tlateka Maya en apoyo a la cultura y las artes del Estado, para poder cubrir el evento.
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