domingo, 12 de marzo de 2023

Chipperfield aboga por repensar ciudades para devolverles algo de humanidad

El arquitecto británico David Chipperfield.

EFE


EFE BERLIN

El arquitecto británico David Chipperfield, premio Pritzker 2023, aboga por repensar el diseño de las ciudades para superar las desigualdades sociales y reforzar el sentido de pertenencia.

"No estoy desilusionado de las ciudades de ninguna manera, pero creo que el énfasis que tenemos que afrontar ahora en términos de crisis medioambiental y también de crisis de desigualdad implica que tenemos que reconsiderar un poco el diseño de nuestras ciudades, cómo devolverles algo más de humanidad", señala.

Según Chipperfield, la arquitectura tiene una ubicación en la ciudad y una cierta permanencia tanto "en términos de nuestra experiencia como de nuestra imaginación".

Así, las ciudades ocupan un lugar en nuestra memoria acumulativa y colectiva, porque normalmente no se construyen de inmediato, sino con el tiempo en un "proceso sedimentario", agrega.

"Ahora cambiamos las cosas a lo grande y desplazamos a la gente, por lo que se produce un cambio tanto físico como social"; la gente que vivía en la ciudad ya no puede permitírselo y los edificios en los que residían son ahora tiendas u oficinas, indica.

Para Chipperfield, se está "subestimando la importancia que la arquitectura desempeña en nuestra imaginación y en nuestra concienca de nosotros mismos".

"Las ciudades deberían pertenecernos también. Una ciudad es algo de lo que, en cierto modo, somos libres: no la creamos, vivimos en ella. Pero nuestra imaginación nos da una relación con ella, es importante que nos sintamos parte de ella, y creo que la forma en que diseñamos nuestras ciudades debería hacer hincapié en ello", señala.

No obstante, la forma en que se diseñan "tiende a aislarnos", critica.

En este sentido, alude a Galicia, en el norte de España, donde pasa mucho tiempo en Corrubedo, y donde ha creado la Fundación RIA, una iniciativa sin ánimo de lucro para asesorar en la ejecución de proyectos alineados con la sostenibilidad ambiental, económica y social del territorio.

Ese "sentimiento de comunidad" propio de los pueblos se ha infravalorado en la forma en la que se construyen las ciudades, afirma.

Al mismo tiempo aboga por ver lo urbano y lo rural en "una especie de continuidad" y no como algo opuesto.

En cuanto a cuestiones como la sostenibilidad, el cambio climático y el medio ambiente, Chipperfield afirma que los arquitectos se encuentran en una "posición difícil", ya que están al final de una cadena y cuando les encargan diseñar un edificio, muchas de las decisiones ya están tomadas.

En este sentido, puede decirse que los arquitectos tienen cierta "impotencia", añade, al tiempo que recuerda que el sector de la construcción es uno de los mayores consumidores de recursos y de energía y de los más contaminantes.

En esta misma línea, Chipperfield señala que si antes se consideraba mejor derribar un edificio y construir uno nuevo, "a menos que tuviera cualidades específicas, monumentales o arquitectónicas de importancia", esto ahora va a cambiar.

"Ahora la pregunta no será por qué conservar algo, sino por qué derribarlo. Tendremos que empezar a justificarlo desde el punto de vista de la energía y la sostenibilidad, desde el punto de vista de los recursos, porque derribar un edificio es la acción más negativa que puedes hacer para la sostenibilidad", subraya.

Para el arquitecto es "una idea extraña" que se tienda a derribar edificios en las ciudades por el valor del terreno sobre el que están construidos y no por el estado de la construcción.

"Espero, que el tema de la sostenibilidad traerá consigo algo positivo en cuanto a sentido común, en cuanto a cuestionar estas cosas. Y si hay límites en lo que respecta a por qué un terreno se convierte en valioso, entonces no se convertirá en valioso. Si se dice que no se pueden demoler edificios, de repente nadie va a comprar el terreno a ese precio ridículo", afirma.

Según Chipperfield, "esencialmente hemos creado un entorno consumista y un entorno financiero donde ya no hacemos nada, únicamente extraemos valor, extraemos dinero de las cosas".

Para el arquitecto, que siente "un gran honor" por ser el Premio Pritzker de arquitectura 2013, es "maravilloso recibir reconocimiento" con galardones que no necesariamente se esperan, pero son agradables cuando llegan".

"La arquitectura no es un arte en el mismo sentido que la pintura y la escultura, que son autónomas e independientes. Le damos cierta licencia a los artistas para que hagan lo que quieran, para sorprendernos, para provocarnos, para irritarnos. No esperamos de los arquitectos que nos irriten o nos provoquen", afirma.

Aunque sí es cierto que los arquitectos al final hacen cosas que "tienen una estética, unas dimensiones" y que "tienen que ver con la composición, la proporción, el espacio, la luz", concede al hablar de la relación entre arquitectura y arte.

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