lunes, 27 de marzo de 2023

Evocaciones sobre Rafael Coronel en el libro Coronel por Coronel




Por: Juan Carlos Talavera

Rafael Coronel (1932-2019) era como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, tenía dos personalidades, aunque en esencia podría ser descrito como un hombre curioso, vago, entrón y apasionado del futbol. Así lo describe a Excélsior el fotógrafo e historiador del arte Juan Rafael Coronel Rivera, hijo del artista y nieto de Diego Rivera, quien presenta el libro Coronel por Coronel, un conjunto de viñetas en torno al padre y a uno de los artistas mexicanos más importantes del siglo XX.

Dicho volumen, publicado en formato bilingüe por Talamontes Editores, incluye siete ensayos narrativos, 100 fotografías en blanco y negro tomadas por Juan Coronel y una entrevista de largo aliento que le realizó a finales de los años 90, en la que el artista retorna a su origen, en Zacatecas, cuenta su llegada a la Ciudad de México, su ingreso a La Esmeralda y la recepción de su obra en la galería de Inés Amor; la relación Ruth Rivera, su esposa fallecida a los 42 años, y con Julia López.

Habla de los viajes a Estados Unidos, de cómo se volvió coleccionista y la recepción de la crítica; sobre su afecto por las máscaras y hasta de política y economía: “La tragedia de América Latina es la falta de recursos económicos, eso se refleja en el arte. Los pintores siempre hemos adolecido esa falta de respaldo, no sólo por parte del gobierno, sino de la iniciativa privada también”.

El libro incluye un texto de Rafael Coronel sobre pintura, donde expresa lo siguiente: “El artista es artesano, ya que para hacer arte debe mostrar destreza. El oficio mucho tiene que ver con la continuidad, mas el resultado debe tener espíritu; no sólo el cuerpo, sino la persona; no sólo la descripción, sino el concepto… ahí está el talento”.

¿Cómo nació este libro? “Durante la pandemia, una de las cosas que hice fue organizar los escritos que he hecho desde 1983. Empecé a juntarlos por temas y me di cuenta que podía hacer volúmenes (temáticos). El primero de esta serie lo dediqué a la maestra Teresa Pomar, luego hice uno sobre Julia López y éste dedicado a Rafael, el cual contiene dos narraciones: la escrita y la fotográfica.

“La fotografía es interesante, porque presenta sus espacios de estudio, en Acapulco y Cuernavaca, pero sin él, y otras más con él, cuando están vaciando (los espacios). Por ejemplo, muchas instantáneas son de cuando entregó Retrofutura (llevada al Palacio de Bellas Artes en 2011), que incluyó una última parte muy compleja que pintó”, porque cuando estaba haciendo la retrospectiva, me pidió que dejara un espacio para 30 cuadros (en proceso)”, recuerda.

Juan Coronel le pidió al artista alguna guía sobre lo que llevaría, pero sólo le dijo: “será una serie negra”. Entonces se reunió con el museógrafo David Osnaya y acordaron dejar en color negro la última sala para incluir la obra reciente. “Cuando fui a recoger los cuadros vi que funcionaba perfecto, porque sólo se iluminaron cenitales y fue un cierre increíble”.

¿Cómo era don Rafael? “Era muy metódico, pintaba por lo menos ocho horas al día, aunque también podía pasar dos meses sin subir a su estudio, pero cuando volvía era impresionante y pintaba un cuadro en tres o cuatro días. Además, pasaba mucho tiempo solo, le gustaba salir a dar la vuelta y eso significaba que, de repente, a la hora que fuera se subía a su coche y se dirigía a Tepito, a la Merced o a Peralvillo a dar la vuelta”.

“No hacía vida familiar; sus hermanas le podían hablar 30 veces durante el año y no tomaba la llamada, pero un día él les hablaba. Otro ejemplo: durante los últimos 20 años de su vida nunca comí con él, pero él aguantaba mis peculiaridades y yo aguantaba las suyas”, añade.

¿Por qué su biografía refleja una vida destinada al éxito y sin sobresaltos? “Si uno lee la historia de forma lineal, pareciera que nunca tuvo un percance, salvo la tragedia cuando murió mi madre, en 1969. Esa parte le pegó muchísimo. Pero su revolución era interna. Él nunca estuvo en paz. Tenía periodos de cierto equilibrio, sobre todo cuando iba a Cuautla. Porque ir a Europa le costaba mucho. Eso sí, le gustaba Nueva York durante la época de las discotecas para ir a echar relajo, también los antros con chicas en Acapulco, donde todo el mundo lo conocía y allá se llamaba Horacio”, concluye Juan Coronel.


TÍTULO: Coronel por Coronel 

AUTOR: Juan Rafael Coronel Rivera

Editorial: Talamontes Editores, México, 2022; 269 pp.

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