domingo, 27 de diciembre de 2020

‘Soul’, cuando la filosofía y la animación se unen al jazz

Fotograma cedido por Disney Pixar en la que se muestra una escena de la película de animación “Soul” y que se lanza en la plataforma Disney+. EFE/Disney/Pixar 
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Si en Inside Out se adentraba en el cerebro de los seres humanos, en Soul Pete Docter busca en el alma para construir una historia que funde música y sueños en la primera película de Pixar con un protagonista negro que es una nueva joya de estos estudios de animación.

Quizás le falta la irreverencia de Toy Story, la perfección de Wall-E, la magia de Coco o el humor de The Incredibles, pero Soul es un gran compendio de los 25 años que lleva Pixar revolucionando el mundo de animación.

Preciosista hasta en el más mínimo detalle, Soul completa el estudio del interior de las personas que Docter comenzó en Inside Out y lo hace en clave existencialista, tratando de responder a una de las preguntas clave de la humanidad: ¿cuáles son las razones de identidad de cada ser humano?

La respuesta es la que busca Joe, un músico dedicado a la enseñanza que por fin consigue su gran oportunidad, actuar en un club de jazz acompañando al piano a la cantante Dorothea. Pero surge un pequeño obstáculo: se muere.

Cuando se ve en la escalera que le lleva al cielo, hace lo imposible por regresar a la Tierra, pero acaba en el ‘Great before’, el lugar en el que las nuevas almas reciben sus personalidades antes de nacer como seres humanos.

Dos mundos muy diferentes, el colorista y vertiginoso Nueva York en el que vive Joe y el paisaje de nubes azules y rosadas en el que se mueven las blanquecinas almas mientras esperan encontrar la chispa que complete sus características.

El contraste entre ambos mundos es evidente y no solo por los colores. La música, las voces y hasta el ritmo de la narración es completamente diferente, hasta el punto de que parecen dos películas vinculadas por un solo personaje.

Pero son precisamente esas diferencias las que dotan a la película de una unidad difícil de entender solo con el planteamiento inicial.

Hay que ver el filme —desde hoy en Disney+—, para entender la idea que le surgió a Docter cuando hace 23 años nació su hijo. El realizador se dio cuenta de que el bebé tenía su propia personalidad desde el mismo instante de su nacimiento.

"¿De dónde le venía? Yo creía que la personalidad se desarrolla a medida que interactúas con el mundo. Pero estaba claro que todos nacemos sabiendo de forma muy certera quiénes somos”, explica Docter en las notas de producción de Soul.

Con ese punto de partida, Docter, Kemp Powers (codirector) y Mike Jones elaboraron una historia en la que la música es una parte central y vuelve a ser un elemento diferenciador de los dos mundos en los que se mueve Joe.

Para la música de jazz de la vida de Joe en la Tierra, fue Jon Batiste el encargado de la composición que acompaña a las escenas de Nueva York. Y para las del universo de las almas los encargados fueron Trent Reznor y Atticus Ross, de Nine Inch Nails.

Además, para las diferentes versiones lingüísticas de la película se eligió a cantantes populares para interpretar alguno de los temas principales.

Es el caso de Pablo López que compuso e interpretó Escucha la vida para la versión española, o de la colombiana Greeicy Rendón, que canta para la latinoamericana Así es la vida.

Una película concebida para ser exhibida en cines, como resaltó Docter en un encuentro virtual con periodistas unos días antes de que Disney anunciara que se estrenaría directamente en la plataforma debido a la pandemia.

No se cobrará un extra, como sí se hizo con Mulan, pero en el trasvase a la pequeña pantalla, Soul ha perdido parte de su alma, que necesita de una sala de cine para brillar en todo su esplendor.

Fuente: EFE 

“La pregunta para los creadores culturales no es si habrá público tras la pandemia, sino dónde encontrarlo”


Por: Enrique Planas

Oscilamos entre el papel y las pantallas, entre las instituciones y las aplicaciones. Pero en los últimos nueve meses, de ir a librerías, cines, museos, nos dedicamos a husmear el mundo desde una pantalla de computadora. Mundos que se exhiben, bibliotecas que se consultan, festivales en plataformas virtuales y muchas, por no decir todas, clases vía zoom. En estos últimos nueve meses, hemos vivido obligados a mantenernos unidos vía la comunicación digital. Y ahora, cuando las autoridades empiezan a permitir el consumo de cultura, las industrias culturales intentan reaparecer y recuperar el tiempo perdido. ¿Y qué pasa con el público, el lector, el usuario, el consumidor mientras tanto?

Esa ha sido una de las preguntas planteadas en el Encuentro CONECTA 2020 “Públicos digitales: nuevos escenarios para la participación culturales”, espacio de acceso libre que se desarrolló virtualmente hasta el domingo 12 de diciembre con la participación de más de 40 especialistas de 8 países y diversas regiones del Perú. Uno de ellos es Néstor García Canclini, escritor, profesor, antropólogo y crítico cultural argentino, un pensador fundamental para los estudios de la comunicación en América Latina.

Comenzamos a conversar con el intelectual argentino sobre las palabras de moda. Quizás la que más ha sonado en estos últimos tiempos nos la trajo la pandemia: incertidumbre. Ahora empiezan a aparecer otras nuevas, ligadas al retorno a ciertas prácticas de consumo cultural, quizás la más repetida sea hibridez. No hay creador cultural que no apele al concepto de lo híbrido para imaginar un futuro en el que convivan lo virtual con lo presencial. Néstor García Canclini escribió en los años noventa el clásico “Culturas híbridas”, sin imaginar la dimensión que hoy alcanza el concepto.


Culturas híbridas (1990) Un libro clásico dentro de los estudios culturales.

¿Cómo asumimos lo hibrido hoy en día?

Sí, es bastante extraño encontrar usos que vienen a sumarse y recomplejizan el significado de términos que usábamos antes. Ocurre con muchas palabras. Las metáforas viajan, igual que los conceptos. No imaginé muchos otros usos de la palabra incluso antes de la pandemia, como es el caso de los “coches híbridos”, por ejemplo. Hay una especie de recolocación del término que, como dices, con la pandemia han aparecido para hablar de escenificaciones que sumen lo presencial y lo virtual. ¿Por qué esta recurrencia del término? Hoy el concepto nos habla no solo de los más evidente, que vivimos un mundo de mezclas y fusiones, sino de interculturalidad exacerbada. Nos resulta muy difícil vivir con tanta heterogeneidad, y lo vemos en las políticas de rechazo a emigrantes, la convivencia difícil en ciudades de etnias y sectores con formaciones culturales muy diversas. Además, lo hibrido aparece también en el sentido de resolver contradicciones, pérdidas o formas de estar en varios formatos que antes nos parecían irreconciliables. Hoy, cuando usamos en una misma pantalla del Smartphone tantos recursos escritos, visuales y sonoros entremezclados, nos damos cuenta que el cine ha dejado de ser el último arte síntesis.

Estos 9 meses en los que hemos podido relacionarnos con otros solo a través de las pantallas han mostrado también lo superficial que resultan esos encuentros. ¿se puede generar empatía desde lo virtual

Hay muchas experiencias. Personalmente prefiero y extraño lo presencial, no solo en las relaciones interpersonales sino en las conferencias, aunque tengo colegas del departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, donde trabajo, que ya no quieren volver a lo presencial. O en todo caso, dividir sus clases entre presenciales y virtuales. Y hay muchas razones para eso. No solo que a profesores y alumnos a veces les requiere viajar dos horas para llegar desde su casa a la universidad, (y esas 4 horas las podrían usar de un modo más productivo o recreativo, sin las torpezas de los delirios urbanos), sino que también hay descubrimientos que tienen que ver con cómo nos comportamos ante los otros. Me parece que, como casi todos los comportamientos humanos, los desplazamientos y combinaciones entre lo presencial y lo digital tienen una enorme ambivalencia. Pero hemos descubierto también beneficios en esta virtualidad obligada.


Los centennials no conocen el mundo sin pantallas, redes sociales digitales o smartphones, por lo que están siempre conectados, son multitask y multipantallas. (Foto: Depositphotos)

En su libro “Lectores, espectadores e internautas” (2007), usted ya proponía acercarnos a las prácticas de consumo digital, y sacarnos de la cabeza la relación romántica del lector y su relación con el papel para asumirnos también como internautas. ¿Cuánto cree que los últimos 9 meses han acelerado este proceso?

Muchísimo. Cuando escribí ese libro, en el 2006 empezaban a circular las redes sociales, que cambiaron la manera de usar Internet así como toda la vida cotidiana, las maneras de comunicarnos. Mucho de lo que está en ese libro me sigue pareciendo vigente. Me acuerdo que una de sus entradas (tenía forma de semi diccionario) era “Asombro”, algo que estaba desde el origen de la filosofía con Platón. Y ese asombro que hoy sentimos radicalizado por la pandemia, venia ya de la época de las constantes innovaciones tecnológicas. En la primera década del siglo XXI estuvimos muy fascinados con las tecnologías, sus servicios y sus beneficios. En cambio, casi toda la segunda década está hegemonizada por sus peligros: el robo de información, la inducción de comportamientos, la pérdida de nuestra capacidad de ser ciudadanos, de ser electores conscientes al ser reemplazados por algoritmos.

También su libro nos alertaba entre las confusiones entre realidad y simulacro. ¿Esta confusión puede relacionarse a la proliferación de las “fake news”, y su impunidad?

Los llamados “servidores” al mismo tiempo que nos dan información, entretenimiento y conexión global, nos están robando. No podríamos trabajar sin Internet y sin redes, no podríamos estudiar tampoco. Los miedos son constitutivos de la especie humana. ¡Las “fake news” ya existían en Grecia y la Roma antigua! El gran tema ahora no es cómo deshacernos de las “fake news” sino cómo restaurar un Estado regulador y democrático a la vez, que no deje que la irresponsabilidad en el manejo de las noticias nos vuelva no solo descreídos sino indiferentes al mundo.


Para el estudioso argentino, el gran tema no es cómo deshacernos de las “fake news” sino cómo restaurar un Estado regulador y democrático a la vez, (Foto: Shutterstock)

Allí volvemos a la vieja polémica del control. ¿Quién podría controlarlo?

Polémica que tiene que ver con el carácter tan poco democrático de los Estados contemporáneos, y no solo por culpa de internet. Es central en todo esto cómo democratizamos nuestros Estados. Si bien vivimos un pasaje de las “instituciones” a las “aplicaciones”, pero no podemos prescindir de las instituciones.

Un congreso como Conecta en el que usted participa coincide con la reapertura de los servicios culturales. ¿Cómo ha visto usted la resiliencia del sector cultural frente a la pandemia?

Con muchos sentimientos y sensaciones a la vez. Hemos visto el sentido vocacional, en su significado más antiguo, de las pasiones que nos llevan a escribir, a hacer música, teatro, cine. Yo extraño mucho no poder ir al cine, sobre todo a la maravillosa Cineteca de Ciudad de México. Ahora esta reabierta, pero sé que es peligroso estar en espacios cerrados. Aprecio la abnegación y la tenacidad de quienes dirigen y la programan así como a los trabajadores que están allí dándonos la oportunidad de comprar boletos y entrar a las salas. También hay muchas experiencias de teatro en los jardines de los museos, con exposiciones y performances que movilizan desde los lugares abiertos actividades culturales. Hay una imaginación galopante que se extiende por todo el mundo.

Los espectadores mantienen la distancia social dentro de las cabinas de plástico mientras ven la obra de teatro 'Protocolo Volpone' presentada por Bendita Trupe durante el brote de la enfermedad por coronavirus en Sao Paulo, Brasil.  (Foto: Amanda Perobelli / Reuters)

En el Perú se ha aprobado que los cines y los teatros puedan abrir con un 40% de aforo. Pero el gran temor de los teatreros es qué sucederá con el público. ¿Usted comparte ese temor?

En México los directivos de las cámaras empresariales han reconocido que desde que se reabrieron las salas, hace poco más de 2 meses, la ocupación de butacas no supera el 3%. Hay un lógico temor, prudencia en muchos, pero no perdida de hábito, me parece. El cine y el teatro han pasado muchas turbulencias y el público siempre ha estado allí. Si se pierden públicos se conquistarán otros. Los jóvenes están volviendo a ir al cine. Es cierto que la cultura dominante de la televisión, los videos y el Internet han modificado comportamientos, pero no desaparecen las etapas anteriores. Por eso sigue habiendo teatro. La pregunta para los creadores culturales no es si va a haber público, sino dónde encontrarlo. Y cómo evitar las inercias de los hábitos. Es muy posible que el público tarde mucho en volver a las salas de cine, al teatro y a los conciertos, inclusive en espacios abiertos, la aprensión es comprensible. Lo que necesitamos son cambios radicales en los modos de interactuar con los públicos que no se han ido, que siguen viviendo en la misma ciudad, usando los recursos digitales de manera más imaginativa, y contrarrestar la tendencia a monetizarlo todo.

Stands de la Feria del Libro de Guadalajara en la ciudad mexicana de Guadalajara, en su edición de 2018. Foto: Ulises Ruiz / AFP

La Feria Internacional del libro de Lima tuvo un éxito de convocatoria en sus actividades, con 4 millones de usuarios de sus actividades virtuales, pero sus ventas alcanzaron solo el 10% con respecto al año pasado. ¿Cómo hacer estas experiencias virtuales sostenibles económicamente entonces?

Cuando digo monetizar no estoy negando la parte comercial, indispensable, ni la parte de reconocimiento de derechos para los creadores y los actores. En la feria de Guadalajara las cifras son muy distintas con respecto a los años anteriores. Tenía un promedio de 800 mil visitantes cada año, y este año tuvo 20 millones de visitantes virtuales. Desde ese punto de vista mantuvieron calidad, con facilidades para que Siri Hustvedt hablara desde Nueva York, así como otros autores desde Europa, Asia, los países árabes y América Latina por supuesto. Pero el negocio de esa feria, la más importante en español en intercambio de editores y venta de derechos a otras lenguas, cayó notablemente. Anduvo con cifras parecidas a las que hablas en Perú. Y esto nos hace pensar que las distintas partes y modalidades presentes en una feria o un festival van a tener que rearticularse.

Mi casa, ese artefacto penitenciario



Por: Nuria Labari

Mi madre me enseñó la importancia de cuidar de la casa, de tener una casa y, por supuesto, de limpiar nuestra casa. Y yo aprendí una sola cosa de todo aquello: el deseo de abandonar esa casa, cualquier casa que fuera el reino y el encierro de una mujer. Nuestra particular lucha madre-hija no fue nada personal sino un hecho cultural inevitable. Porque la casa nunca ha sido un espacio neutral para las mujeres, al contrario, ha sido y sigue siendo el espacio donde se desmembra nuestra identidad hasta hacernos desaparecer. Y no siempre en sentido metafórico.

Este año, después de todo el camino recorrido, la covid ha vuelto a encerrarnos a todas (también a las que habíamos conseguido huir) en ese artefacto penitenciario que llamamos casa. Podría habernos metido en un bar, una oficina o un camping. Pero el confinamiento fue domiciliario. Y desde ese momento, la pandemia ha sido peor para las mujeres. Porque aunque las restricciones sean las mismas para todos, las consecuencias no son equitativas. La pandemia ha disparado la brecha de género en el empleo hasta máximos que no conocíamos desde 2007, con un 18,39% de paro entre las mujeres en el tercer trimestre, cuatro puntos por encima de los hombres. Hay más mujeres que hombres con empleos precarios y más que han tenido que dimitir para dedicarse al cuidado de la casa. Pero quizás la brecha más importante sea la que ha dividido en dos la intimidad. A un lado ha quedado el tiempo lineal del trabajo y al otro el discontinuo del cuidado, que es el tiempo de las mujeres en el hogar. Y entiendo aquí por discontinuidad cuando el tiempo está al servicio de otros, ya sean personas (hijos y mayores) o instituciones (como la educativa o la sanitaria que también se han colado en nuestras casas) y no proporciona la identidad temporal, fija y dedicada que da por ejemplo el trabajo aceptado socialmente.

Que las tareas de la casa se han repartido en esta pandemia es cosa tan sabida como que no ha sido a partes iguales. Pero existe una invisible y pesada carga mental que ni siquiera es motivo de reparto o discusión. Me refiero a esa manera de adaptarse al tiempo de los demás que ha sido durante siglos el tempo propio de la feminidad. Una alienación que muchos hombres siguen confundiendo con amor. Marguerite Duras lo explicaba así en La vida material. “Para los hombres una buena madre de familia es aquella que hace de esta discontinuidad de su tiempo una continuidad silenciosa e inaparente”. Lo escribió en 1987 pero su sentido ilumina muchos confinamientos en 2020. Esa continuidad silenciosa es la que me ha llevado en más de una ocasión a tener un solo deseo: salir de mi casa para existir al menos un instante. Una sensación que, creo, comparto con millones de madres de familia.

Este año, la pandemia ha resignificado el sentido de la palabra casa. Ha modificado hasta el precio de los pisos ahora que el alquiler turístico ha desaparecido y que los compradores sueñan con un chalet unifamiliar. Sin embargo, no ha liberado a las mujeres de la discontinuidad a la que deben someterse cada vez que cruzan el umbral. Hemos retrocedido años, puede que décadas. Y aunque 2020 nos ha dejado claro que necesitamos un tiempo nuevo quizás conviene recordar que ninguna vacuna nos lo meterá en el cuerpo. Es nuestra responsabilidad conquistarlo. Y jamás llegará si la mitad de la población vive encerrada en su propia casa. Con y sin confinamiento.


sábado, 26 de diciembre de 2020

Gabriela de la Garza y Las Reinas Chulas en el último Cabarezoom de 2020


Ángeles, demonios, peregrinos, reyes magos y la desacreditada clase política y empresarial se encuentran en la última presentación del año de Las Reinas Chulas. Acompañadas de la actriz Gabriela de la Garza, estas mujeres nos llevarán por un mosaico de escenarios y las situaciones más absurdas (cualquier similitud con la realidad no es mera coincidencia) para hacernos reír a carcajadas y sacar un poco de la frustración acumulada durante la interminable pandemia.

Una teporocha que funge como asesora de políticos y un rey mago que no consigue empleo mantendrán vivas nuestras tradiciones presentándonos la Sustorela política mexicana. La lucha entre el bien y el mal es el tema obligado de las pastorelas, pero ahora no será tan fácil distinguirlos, pues vienen acompañados de fake news, consumismo virtual, exceso de redes sociales, pánico social y permanentes crisis económicas. 

Un desfile de personajes como Fifí Téllez, Gilberto Lozasno, Claudio Espantosa X González, Chelito Ebrart, Peje Manuel y un sinnúmero de parodias e imitaciones. 

Con este show, Las Reinas Chulas ponen fin a su cartera virtual 2020, permitiéndonos disfrutar de su sátira y buen humor desde la sana distancia. La cita es el sábado 26 de diciembre a las 21:00 horas por Cabarezoom. El costo del acceso irá de los 100 a los 400 pesos (la mitad de lo recaudado irá para los trabajadores del Teatro Bar El Vicio) y puedes adquirirlo mediante Boletópolis

Disfruta del concierto "Una Navidad de Fantasía" de la Orquesta Sinfónica


La Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí (OSSLP) te invita a disfrutar del concierto "Una Navidad de Fantasía"  a través de su canal de YouTube.

Para este concierto navideño se recordará la interpretación que realizó en el Teatro de la Paz el 27 de abril de 2012, bajo la dirección del maestro José Miramontes Zapata y  no solo acercar a todo tipo de público a la música, sino tambien ser un regalo musical navideño. Así como parte de la programación digital #CulturaVivaEnCasa que presenta la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí durante la contingencia sanitaria.

Al presentarse la pieza que nos remite irremediablemente al ratón más famoso del mundo en las dos ediciones de la película “Fantasía” (1940 y 2000), será la encargada de abrir el concierto virtual de la OSSLP, es decir, “El aprendiz de brujo”, de Paul Dukas.

Posteriormente, se podrá escuchar “Una noche en la árida montaña”, una pieza cuyo tema (las brujas) tuvo intención de desarrollar musicalmente Modest Mussorgsky desde los 19 años, primero como ópera en tres actos (1958) basada en el cuento «La Noche de San Juan», del también ruso Nikolái Gógol, aunque no se concretó.

Para cerrar este concierto con música de las películas Fantasía, escucharemos la última y más conocida pieza que conforma la “Trilogía romana” escrita por el músico nacido en Bolonia Ottorino Respighi, para exaltar las glorias pasadas y actuales de su ciudad adoptiva: “Los pinos de Roma” (1924), que es un poema sinfónico conformado por cuatro episodios o secciones conectadas cuyo punto de partida es la Naturaleza: “los árboles centenarios del paisaje romano se transforman en testigos de los principales eventos de la vida romana”(Los Pinos de Villa Borghese, Los Pinos próximos a las Catacumbas, Los Pinos del Janículo y Los Pinos de Vía Appia), apuntó el propio autor en el programa de mano de la primera audición de la obra en Estados Unidos el 14 de enero de 1926, en el Carnegie Hall en un concierto de la Filarmónica de Nueva York; al día siguiente, Respighi dirigió la obra con la Orquesta de Filadelfia.

En busca de la simetría: una entrevista con Alex Otaola


Por: Ingrid Vlinder Pohlenz

"Lo curioso es que no estaba en mis planes hacer un disco este año” nos revela Alex Otaola, “todo esto lo fue despertando el aislamiento pandémico.” Las canciones que había estado componiendo a principios del año en curso compartían su cualidad de collage con Fractales.

“Ese primer disco lo podías percibir como un sólo evento musical de 40 minutos o como quince canciones, y si hacías un zoom a una de esas quince canciones también la podías percibir como un sólo evento musical o como cuatro fragmentos: de ahí viene la analogía con lo fractal.”

Fractales II se despierta lenta y suavemente, oscila cada vez más rápido y de la fricción sale despedido un resplandor que estalla en Otra vez a rush, el primer sencillo que Otaola dio a conocer de este nuevo material (y del que hablamos con lujo de detalle aquí), de pronto se extingue este trayecto abrasador y Punto de Fuga se muestra, fragmentándose imponente pero juguetona por el espacio; danzante como las moléculas en el vapor, se contonea y se retuerce por intervalos en un vaivén que encuentra la simetría. “Eso seguro es por influencia de Kubrick” confiesa Otaola al preguntarle por su predilección por la simetría, “Me gustan también las cosas abstractas y hasta agresivas, pero la simetría me gusta porque genera la sensación de que existen puntos de fuga que le dan orden y equilibrio a todo lo demás que está sucediendo.”  Su amor por la simetría está presente en la duración en capicúa del disco completo (41:14) y en la manera en la que articula sus paisajes en espejo.

https://alexotaola.bandcamp.com/track/fractales-ii-lado-a?from=embed

La música viene primero, después el referente; Jetée estuvo terminada antes de recibir su nombre, “¿a qué película me suena?” se preguntaba él. La narrativa misteriosa de esta pieza y la sensación metálica y futurista que dejaba al oído le remitió a la ciencia ficción particular de Chris Marker. “En el primer disco el proceso fue similar, pero en ese entonces yo estaba completamente obsesionado con Godard y los 60s.”  Otalola buscaba un tratamiento audiovisual para la producción de ese primer disco del 2007. “¿Cómo le hago para que en la música se sienta que se botó la cinta del proyector; para que se sienta que comienza un flashback?” Se hace presente la claqueta y la canción cambia a blanco y negro.

Esta manera de trabajar la música sigue presente en su obra, pero este proceso se ha vuelto inconsciente para Otaola, que piensa en su trabajo musical como algo necesariamente audiovisual.


pAnhedoniA florece discreta del resplandor latente que deja Jetée; gélida en un principio, despide un aliento cristalino; el calor se va impregnando a este soplo que deambula romántico entre colores fríos. De una intrincada incertidumbre al rubor, del rubor a la quietud y de la quietud a Silent Way que se despliega entre el rumbo de las crestas de un mar sereno. “Sólo me ha pasado dos veces... el tema con el que empieza el teclado: me desperté un día y lo traía en la cabeza…  yo pensaba en un principio que se trataba de una rola de los Boards of Canada.”  Así fue como esta canción se materializó directamente de su ensueño.


“Es muy común que después se te olvide la música con la que sueñas, pero ésta como que no se me iba y no se me iba… entonces me senté y dije ‘ok, vamos a darle forma.’  La parte del inicio y la del final son iguales; en medio hay un homenaje descarado a un disco de Miles Davis que se llama In a Silent Way, pero para hacerlo un poco más ambiguo se terminó llamando Silent Wey con E.”

Esta pieza, además de ser una de las más destacadas del disco, es un homenaje a Davis y a la introspección.

Con Bajo California, que tintinea inquieta y resplandece en su narrativa torno a lo que se siente como un descubrimiento, llegamos al final del lado A del disco. “Esa originalmente se llamaba Nodo” nos cuenta Otaola“(Bajo California) ha sido de las pelis mexicanas que más me han gustado de toda la vida. En algún momento sentí que las figuras que estaban haciendo los sintetizadores eran similares a las espirales que hace en la playa el personaje de Damián Alcázar.”

El lado B comienza con Rashomon que tiene un sabor oriental además de la luminiscencia y el movimiento que ha caracterizado los paisajes recorridos a lo largo del disco. Fractales II es sin duda un disco muy visual, de paisajes sonoros. ¿Y el paisaje sonoro predilecto de Otaola? “Uno de los que más me gusta, y es curioso, es el de La Feria de San Marcos de Aguascalientes, y no necesariamente por el contenido musical, sino porque a medida que te vas moviendo te atacan varias músicas de distintos lugares, con distintos niveles y potencias. Te puedes quedar de pie en un lugar, pero conforme vas caminando, se va modificando el nivel de cada cosa y queda esta sensación de 360° en la que estás inmerso en cuatro o cinco músicas distintas; en la que se vinculan de alguna manera cosas que no están conscientes de sí mismas para formar algo más… esa sensación, ese tipo de paisaje sonoro me encanta.”

Un agudo contraste y unos maullidos enroscados caracterizan la transición de Rumble Driver a Sal de la Tierra (un título que además de hacer un guiño al cine de Wenders y a la fotografía de Salgado, se puede leer como una denuncia ecológica en imperativo). La primera es estridente, placentera pero violenta, la segunda entrañable, conmovedora. Sal de la Tierra fue compuesta hace más de diez años, originalmente llevaba el nombre de Persona y no había encontrado su lugar hasta ahora. Otaola colocó muy a propósito “el momento más pesado del disco junto al más delicado." 

“Justo porque se trataba de un homenaje a mi papá le pedí a mi hermano (Javier Otaola) que le hiciera un video; él es foto-periodista, estudió historia, y por muchos años ha estado documentando las fiestas patronales de Totolapan."

Dos escenarios de ciencia ficción nos esperan a la par de 2046 y de Stalker que cierran el círculo de este viaje en el que colaboraron (con cameos musicales, como se lee en su bandcamp): Aarón Flores, Abigail Vásquez, Alfonso André, Alonso Arreola, Brian Allen, Carlos Avilez, Carlos Orozco, Chema Arreola, Christian Jiménez, Federico Sánchez, Gustavo Nandayapa, Israel Torres Araiza, Javier Lara y Natalia Pérez Turner en el lado A y Andrés Landon, Dafne Carballo, Erik Kasten, Frankie Mares, Hernán Hecht, Sandra Michel, Karla Molkovich, Luca Ortega, Nacho González, Ravish Momin en el lado B. 

2049 es la búsqueda mientras que Stalker es el reconocimiento.

Él se inspira muchas veces en la estructura de las películas más que en su sonido y no es un accidente que este viaje termine con Stalker que de alguna manera transpone en su discurso parte de la filosofía de Heráclito que también está presente en la película de Tarkovski: ‘nunca puede uno volver a escuchar el mismo disco’ o “idealmente no, porque uno no debería de ser el mismo después de estar expuesto a una película, a un libro, a un cuadro o música; idealmente debería de haberse transformado la percepción que tienes de las cosas que hay a tu alrededor… entonces, en el mejor de los casos cuando regresas a algo no eres la misma persona y además sigue habiendo el potencial de transformación." Concluye solemne.

“Y si tu vida fuera una película, ¿quién la dirigiría?” preguntamos para terminar.

“Yo siento que la está dirigiendo Jarmusch, me gustaría que la dirigieran los Coen, pero al final con que sólo haya el audio-comentario de Herzog, con eso me basta (risas).”

¡No se olviden de que mañana es bandcamp friday lo que significa que bandcamp dará directamente el 100% de sus ganancias económicas al artista!

Qué mejor fecha para adquirir Fractales II (que actualmente no está disponible en streaming) en su versión digital y en su vinil de lujo.

Pok ta pok, el milenario deporte maya que aún practican niños de Yucatán


Por: Yazmín Rodríguez 

Aunque resulte difícil creerlo, aún hay personas que continúan al paso del tiempo, las prácticas y enseñanzas heredadas de los mayas, como es el caso del maestro, Carlos Chi Bacab, entrenador de Pok ta pok (juego de pelota), disciplina ancestral de los antiguos mayas, quien se ha encargado de mantener vivo este proyecto entre la comunidad de esta población del municipio de Yaxcabá ubicado en el oriente del estado de Yucatán.

“Todo empezó únicamente como una curiosidad que tuvieron los muchachos. Yo les comenté que nos dieron esta oportunidad de poder practicar este juego de pelota y vieron que era algo nuevo para ellos”, relató acerca de cómo decidieron retomar esa práctica de sus antepasados.

Este juego de pelota emplea el uso de la cadera para tirar una pelota de caucho de aproximadamente 4 kilogramos de peso, por lo cual requiere de una condición física considerable para quién o quiénes lo practican.

Carlos Chi Bacab, entrenador de Pok ta pok. Foto: Especial

El maestro Chi Bacab comentó que este "deporte" comenzó a practicarse entre los niños, quienes empezaron a entrenar la técnica de golpeo y, sobre todo, a conocer la historia de este juego milenario que se practicaba en ciudades que hoy son sitios arqueológicos emblemáticos de la cultura maya como Chichén Itzá, Uxmal, Ek Balam, entre otros.

No es nada más que quieras llegar y empezar a jugar. Es la práctica, la agilidad, la fuerza, y obvio, la destreza. No cualquiera lo trabaja, pero estos chicos han mostrado su gusto y compromiso con ello”, dijo el entrenador Carlos.

Jugador de Pok ta pok. Foto: Especial

El entrenador señaló que esta disciplina ha tenido importantes logros, pues ha participado en una copa peninsular del área. Además, han representado a México de manera internacional, y han logrado varios reconocimientos.

“El futuro de esta liga de Pok ta pok es seguir promoviendo el deporte y participar en más y más competencias lo que a la vez permitirá a las presentes y futuras generaciones, no olvidar "nuestras raíces mayas, lo que nos heredaron nuestros ancestros”, afirmó