domingo, 17 de octubre de 2021

Celebran la vida bailando



Por: Iris Margarita Ceballos Alvarado

Nacido de las emociones, de la absoluta necesidad de compartir y liberarse traducida en movimiento, en danza, el “Bolero de Ravel, oda a la vida” se convierte en una manifestación artística de lo que todos en algún momento han deseado: la liberación del confinamiento, el fin de la pandemia, la posibilidad de ser y hacer como se hacía antes, y una válvula de escape para dejar salir el peso del dolor por las pérdidas.

La pieza dancística es, como su nombre lo indica, una oda a la vida, a la necesidad de celebrarla.

Así lo indica Tatiana Zugazagoitia, directora y coreógrafa del espectáculo y quien destaca la necesidad compartida de bailar “en estos tiempos oscuros de incertidumbre y ansiedad, producto del confinamiento causado por la pandemia”.

La pieza, creada en 2020, en los primeros meses de confinamiento, nació de la inquietud de Tatiana, quien al estar improvisando y escuchar el “Bolero” de Ravel sintió que tenía que crear algo con esa música, y lo hizo.

Se trata de una pieza corta, con duración de 16 minutos, en los que se concentra toda la energía y las emociones de los bailarines.

Es así que las motivaciones cambiaron al preparar la obra, que en la primera ocasión fue un medio de liberación, libertad y encuentro, y ahora es una celebración a la vida y el recuerdo de los que ya no están.

La directora hizo también un cambio de estructura. Habitualmente le da libertades de ejecución al bailarín, dentro de la estética de la coreografía; pero en “Bolero de Ravel, oda a la vida” los movimientos demandan ser más rigurosos y precisos.

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