miércoles, 17 de abril de 2019

Serenidad y violencia del paisaje volcánico; Gerardo Murillo, Dr. Atl

Paricutín en erupción es una de las piezas centrales de la exposición, la cual fue pintada a principios de los años 50 y en donde es posible contemplar la fuerza telúrica que habita en el corazón de la naturaleza. Fotos: Cortesía Museo Nacional de Arte

Por: Juan Carlos Talavera

Cerca de 130 pinturas, dibujos, litografías y fotografías de Gerardo Murillo Dr. Atl, se exhiben en el Museo Nacional de Arte (Munal) en la muestra Atl. Tierra, viento y fuego; sublime sensación, donde se observa la fuerza telúrica de la naturaleza, esa violencia contenida en la superficie de la tierra, así como una serie de dibujos que reflejan las pasiones del artista, como el alpinismo, los bosques y las cordilleras que abundan en el centro de México.

Así lo detalló Víctor Rodríguez Rangel, curador de la muestra que permanecerá abierta hasta el 2 de julio.

La base de esta exposición parte de los 147 dibujos que este museo recibió el 17 de diciembre de 2007, procedentes de los fondos artísticos y nacionales del INBA.

"Este fondo contiene dibujos sobre series que muestran el nacimiento del Paricutín y otros sobre cordilleras, cráteres y montañas, que no había tenido por sí mismos una exposición en el Munal”, detalló el curador.

Así que para esta exhibición se reunieron 70 obras del Dr. Atl, de las cuales 58 son dibujos, que forman parte de la donación que el artista hizo en 1950 a la nación durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés, con motivo de la exposición Cómo nace y crece un volcán. El Paricutín, en aquel año.

Sin embargo, la muestra se enriqueció con una decena de pinturas de otros maestros paisajistas, como Eugenio Landesio, José María Velasco, Joaquín Clausell, Francisco Goitia, Luis Nishizawa, Pedro Flores, Mario Almela y Jorge Obregón, que conforman una secuencia paisajista de casi un siglo y medio, que va de 1870 a 2016.

La idea fue rastrear la secuencia de la nacionalización de la perspectiva aérea de nuestro país, es decir, de lo que durante el siglo XIX fue llamado, una vista a vuelo de pájaro, o lo que Gerardo Murillo denominó la perspectiva planetaria, el horizonte curvilíneo o el aeropaisaje.

Esto permitió reunir a 10 artistas más, muchos de los cuales ya son connotados dentro de la historia de México”, explicó Víctor Rodríguez.

"Recordemos que con Eugenio Landesio la Academia de San Carlos formó una generación de paisajistas mexicanos donde predominó la representación del Valle de México, la cuenca del Anáhuac, el altiplano central, un arquetipo de la identidad geográfica del territorio”, apuntó.

Poco después vendrá el genio de genios, José María Velasco, quien se convertirá en  nuestro Darwin o en el Leonardo da Vinci mexicano, debido a  las asociaciones que realizó entre arte y ciencia.

Paisaje con volcán data de 1960 y, de acuerdo con los especialistas, podría resumirse como una de sus obras más contemplativas.

SIN HUELLA HUMANA

Rodríguez Rangel también reconoció que desde hace dos décadas no se montaba una exposición del Dr. Atl en el Munal.

Así que para ésta se recuperaron las piezas donadas en 2017 y se reunieron con piezas que provienen de 10 colecciones particulares.

En esencia, esta muestra se divide en cuatro núcleos temáticos y revela los dos polos opuestos que el Dr. Atl llevó  a su trabajo pictórico en el tema del paisaje.

Así que en un extremo aparece la violencia volcánica con esa geografía accidentada, pero también la serenidad campestre y alpestre, con lo cual el artista no sólo muestra, de primera mano piezas cargadas de virulencia, sino también registros que invitan a la contemplación por su serenidad, a partir de panoramas bucólicos de valles nevados y bosques montañosos que también fueron captados por otros artistas mexicanos.

Un aspecto que llama la atención en este tipo de paisajes es que no hay un sólo humano en cada una de estas piezas, aunque al mismo tiempo está cargado de emociones.

Sin embargo, esa representación no hace más que confirmar la sensación efímera del ser humano, dado que la naturaleza permanece y nosotros estamos un segundo sobre el planeta, concluyó el curador.

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