miércoles, 28 de octubre de 2020

El miedo a lo desconocido nos hace sentirnos pequeños y vulnerables: Bernardo Esquinca



Por: Reyna Paz Avendaño

Un escritor anhela una casa propia, sueño que le cumple el desconocido anciano Ligotti, un acosador y misterioso lector; el mensaje grabado en la piel de un cachalote que los humanos se niegan a descifrar; y los sueños húmedos de un joven hechos realidad por el demonio femenino Lilit, son algunos de los cuentos que Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972) reúne en El libro de los dioses.

“Mi literatura está atravesada por ese miedo a lo desconocido que nos impulsa a imaginar y a reflexionar sobre lo que no conocemos. Ese desconocimiento nos hace sentirnos pequeños, vulnerables y entonces ahí la literatura tiene mucho para explorar”, señala en entrevista.

En este libro, editado por Almadía, incluye 14 relatos de suspenso y terror en los que Esquinca reflexiona sobre los anhelos, las fantasías y las preocupaciones. Por ejemplo, el cuento El señor Ligotti narra cómo un escritor, Esteban, compra con todos sus ahorros un departamento a un desconocido que adula su literatura.

“El libro está atravesado por la idea central de qué pasaría si los dioses antiguos pervivieran en la escéptica actualidad urbana, ése es el hilo conductor. Sin embargo, más que la reflexión sobre lo divino y su influjo en el mundo de los humanos, me interesaba que estuviera atravesado por preocupaciones bastantes mundanas y humanas, por los anhelos que tenemos”, indica.

El caso del personaje Esteban es una muestra de cómo las personas están dispuestas a pagar cualquier precio por esos anhelos, agrega. “También hablo de la preocupación del matrimonio, del fracaso del amor, del miedo a la paternidad, del sexo y las fantasía exacerbadas, y el precio que podemos pagar por todo ello”.

En el cuento Lilitu, un hombre acude a una clínica para estabilizar sus triglicéridos, sin embargo, el espacio está decorado con pinturas y esculturas de mujeres sensuales, misma apariencia que lucen las doctoras y quienes están relacionadas con Lilitu, un demonio mesopotámico.

“Detrás de Lilitu, ese monstruo nocturno femenino que se aparece para poseer a los hombres, hay un miedo al poder femenino, a su empoderamiento que, por desgracia, hasta nuestra época sigue. Siempre la mujer ha si vista, sobre todo en algunos círculos de las distintas sociedades y de poder, como un peligro. Se ve con malos ojos que una mujer pueda desbancar o competir con los hombres”, expresa.

La manera de reaccionar frente a ese miedo, antiguamente, fue demonizando a las mujeres empoderadas, indica Esquinca. “El mito de Lilit, del demonio femenino, corresponde a un miedo de los hombres a no entender el poder femenino”.

-En ese cuento escribes: aquello que nos supera siempre será considerado peligroso…

-Estas deidades que superan a los humanos se consideran peligrosas. Es una reflexión en general a mi aproximación a mi literatura y al tema de lo extraño y sobrenatural, donde el miedo a lo desconocido –como bien lo dijo Lovecraft– es la emoción humana más antigua que existe desde que éramos homónimos y vivíamos en cavernas.

“Cuando algo lo desconocemos y cuando hay cosas que no podemos ver, hay un influjo sobre nosotros, son detonantes muy importantes de las paranoias, de los miedos y de la imaginación”, responde.

DIALOGAR, NO EXIGIR. En el cuento Los durmientes, el detective Morgan llega a una costa donde hay un cachalote muerto con unas letras de un antiguo alfabeto grabadas en su piel, posiblemente un mensaje de una civilización marina.

“Cuando intuimos que el mensaje que nos llegará, sea de un humano o una deidad, no son buenas noticias, preferimos darle la vuelta porque tiene que ver con nuestros miedos más profundos. Este cuento reflexiona con las deidades primigenias, son Leviatanes que están avisando a la humanidad que van a regresar y que su reinado acabará”, detalla.

No obstante, el investigador que analiza el mamífero encallado con un jeroglífico tallado en su lomo, decide no hacer público el mensaje.

“Al reflexionar entre esta milenaria comunicación y comercio entre humanos y deidades, siempre hay malos entendidos, mensajes oblicuos o mensajes muy claros que no queremos entender. La comunicación de humanos entre humanos es muy parecida a cómo se da con las deidades porque está llena de malos entendidos y de no querer saber”, señala Esquinca.

Muchas ocasiones, esa relación se limita a pedir cosas “con mucha fe”.

“Si pudiéramos dialogar con las deidades más que pedirles, creo que sería más provechoso, asumiendo de que estas deidades existen, tanto las deidades paganas y ancestrales. Sería mejor platicar con ellos y beneficiarnos de su gran sabiduría que sólo estarles pidiendo”, expresa.

En su libro, Esquinca considera que los humanos no pueden vivir sin dioses y, a su vez, los dioses necesitan de los humanos.

“Es un comercio de ida y vuelta que beneficia y perjudica ambas partes. Para mí era importante poner ambos lados, su interacción y el desastre que surge de estas fuerzas que se influyen”, indica.

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